¿La obesidad está en los genes?

Aunque las principales causas de la obesidad son el consumo excesivo y un estilo de vida sedentario, la predisposición de una persona a engordar más que otra en las mismas circunstancias sí que está ligada a la genética. Por tanto, los genes desempeñan un papel en el desarrollo de la obesidad, pero no son la única explicación, ya que deben tenerse en cuenta junto con los factores ambientales.

genética

Determinados estudios aclaran que alrededor de un 30% de los casos de obesidad tienen una base genética. En general, esta afirmación surge a partir de pruebas sobre las semejanzas y las diferencias entre familiares, gemelos e hijos adoptados. Las alteraciones en genes que controlan el apetito o el metabolismo, por ejemplo, predisponen a la obesidad. Sin embargo, para que ésta se manifieste,  deben darse también otras condiciones, como los hábitos o comportamientos individuales. La diferencia genética explicaría el hecho de que haya personas que tenga tendencia a engordar mientras que hay otras que, comiendo lo mismo, se mantienen delgadas.

La importancia de las investigaciones en genética se basa sobre todo en la posibilidad de mejorar el tratamiento para cada paciente, buscando el más adecuado a su perfil genético. Conociendo dicho perfil, se podría resaltar en el tratamiento unas cuestiones u otras: por ejemplo, podría recomendarse a una persona que limitara la ingesta de algún tipo de nutriente o, en cambio, que hiciera ejercicio con regularidad, dependiendo las características genéticas específicas de cada individuo.

Hasta ahora, han sido identificadas varias condiciones genéticas relacionadas con la obesidad, aunque se considera que una gran cantidad de genes implicados están todavía sin identificar. Una teoría que habría que mencionar es la hipótesis del gen ahorrador. Según esta teoría, ciertos grupos étnicos tendrían más tendencia a la obesidad debido a la existencia de un gen que se habría transmitido de generación en generación con el objetivo de almacenar en forma de grasa la energía no utilizada para poder hacer frente a las épocas de hambruna. En la actualidad, con una sociedad sedentaria y abastecida generosamente de alimentos, este almacenamiento ya no tendría sentido y el aumento de los depósitos adiposos desembocaría en una propensión a la obesidad. Con todo, esta teoría tampoco explicaría por completo el aumento de los índices de obesidad, pues tendríamos que remitirnos en gran medida a factores ambientales.

La genética en general, y más en concreto la relacionada con la obesidad, es un campo en el que la investigación tiene todavía un largo camino por recorrer.

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